El Egocentrismo
Wuelinton Gavilanes
El
distanciamiento entre los seres humanos, suele ser producido por males que
aquejan el interior de la persona, envenenándolo, lacerando su ternura,
transformando a la criatura sentimental en máquina moviente creyéndose autosuficientes,
automatizada, vacía de moral, hermandad, repeliendo al entorno que rodea sin
importar el tipo de cercanía que exista. El egocentrismo se ha convertido en
una epidemia que se irradia alojándose fácilmente en la existencia de los seres
humanos, concediéndoles autonomía en el pensar y el actuar desmesurado que los
hace ciclópeos amantes de su propio destino.
El
término egocentrismo, se compone de dos voces Ego (yo) y centro (a sí mismo).
Que se traduce como la atención primordial del sujeto hacia sí mismo, su único
ser personal es el punto de partida y de llegada, sus intereses personales
traspasan límites minimizando al otro categóricamente, es decir, la balanza jamás
marcará signos de equidad, sino valores que propicien desigualdades,
diferencias y minucias, primando únicamente intereses y opiniones propias, menguando
así cualidades ajenas.
El
ser egoísta del hombre es un código que ha estado presente siempre en su
existir. Desde los inicios de la creación se cavila que el hombre solo se
interesó en sí mismo dando aforo en su vida al pecado original que lo ha
manchado para siempre, cargando con el sufrimiento y recibiendo como precio la
ineludible defunción que atormenta a la humanidad entera y así han transcurrido
los años y el peso de culpa ha sido cada vez mayor.
Haciendo
un recorrido por la vía humana, se acentúa que la niñez es la etapa de
egocentrismo explícito porque el niño conoce el mundo según una sola
perspectiva, la de él mismo (Canales, 2013). La presencia de rechazo hacia su
entorno es momentáneo porque sus sensibilidades suelen ser dóciles y llevaderas,
luego pasa el tiempo y se presentan casos de compartir e interesarse por el
otro quizás por ser etapas de atracción haciendo que el interés se torne
condicionado, pero la etapa de mayor preocupación es la adulta, porque sus
intereses juegan solo para su partido, obviando al otro, porque es otro y no es
parte de sí. Y se dice, grave por ser actos premeditados que ensalzan el
momento de sentirse flor de jardín pero que al transcurrir el tiempo lo
convierten en madera apolillada, su elevación es rápida, pero también su caída
será fuerte y desquiciante.
Es
la falta de afecto, de autoestima y sufrimientos ocultos los factores que
inciden en la formación de una persona egoísta con visión de ser el único en el
mundo, el ganador, el galán, el fuerte, el que todo lo sabe y lo puede, en el
lugar que está y donde se proyecta estar. El poder y el placer se han
convertido en las dos fisuras que han sujetado al hombre en sus redes
imposibilitando oportunidades, pero si enlazando una sola elección de pensar en
sí mismo, elogiando su existencia, fabricando su propio monstruo de inequidad
humana como el único prurito que satisface sus necesidades diarias.
Todo
empieza en lo doméstico del individuo, luego sale de su corazón cada acción maquillada
y justificada como buena la misma que vitaminiza al egoísmo, propagándolo
fácilmente hacia otros seres viabilizando la anidación en sus vidas,
expandiéndose el tósigo por sus venas, debilitando y lacerando el alma,
rompiendo los importantes lazos de convivencia.
Es
así como la autoestima humana cada día se torna más laxa y endeble por las
limitaciones y encarecimientos del sujeto pensando que todas las prestezas,
atenciones y convicciones giran centrado en sí mismo, se convierte en una
persona incapaz de ver los espacios más allá de ella (Morales, 2011).
Diversas
teorías se han fundamentado acerca del egocentrismo y sus múltiples
consecuencias que arropan a la persona, sus principios, proyectos de vida, lo
han privado de la felicidad (Gaibor, 2015). Y todas concuerdan en que este
cardo no solo estimula, sino que importuna la vida del hombre, haciéndole creer
autosuficiente galanteador de un futuro imaginario, donde las estrellas que
brillan será cada tormenta pidiendo a gritos el pronto auxilio de los demás,
porque cada paso, actividad, palabra, pensamiento serán señas de negligencia y
causantes de sinsabores para su vida y en las de los demás.
Mientras
los años han transcurrido el hombre ha ido siempre en búsqueda de mayor
humanización, de cosas que satisfagan sus gustos, de respuestas a sus
preguntas, de compañía para su soledad y un sin fin de cosas que se ha
propuesto, pero su debilidad ha crecido y cada tropiezo ha sido signo de
conversión hacia el egoísmo perdiendo su conexión con el hermano, amigo,
compañero y con la sociedad entera, es decir, ha aparecido el hombre aislado,
por cuestiones desde las más ínfimas hasta las más justificables apara sí
mismo.
En
materia política, religiosa, educativa, laboral, etc., ha estado y seguirá
habitando el egoísmo, porque los intereses propios jamás desaparecerán y al
mostrarse implícitos parecen extintos y todo se percibe normal, los artificios
cada vez son mayores y las relaciones humanas cada vez más irrisorias. La
sociedad ha configurado individuos con caracteres sumamente exóticos que más
pareciera que cada persona está compuesta de distintas capas que envuelven su
integridad humana.
Por
lo tanto, cabe enfatizar que el hombre es un ser inacabado, es un rompecabezas
que se va armando mientras el tiempo pasa, algunos hombres logran completarlo,
otros corren el riesgo de ser un castillo de naipes que una simple brisa puede
terminar con todo. El egoísmo no solo es término, un concepto que todos
sabemos, sino un peyorativo mal que carcome el espíritu humano por cada acción
errónea cumplida. Por ello, cultivar un ser humano con valores ético-morales
será la gigantesca y delicada obra, para
que los réditos que se cosechen sean satisfactorios y permitan comprender al
otro, brindándole soporte y séquito en sus múltiples miserias.
Trabajos citados:
Canales, A. (2013).
Egocentrismo infantil. Recuperado el 10 de 12 de 2015, de http://tiernainfancia.blogspot.com/2008/04/egocentrismo-infantil.html
Gaibor, W. (2015). Signos de la
persona egoísta. Ecuador, Santo Domingo de los Tsáchilas.
Morales, D. (2011). El
egocentrismo, los problemas y la vida. Recuperado el 10 de 12 de 2015, de http://astrologosdelmundo.ning.com/profiles/blogs/el-egocentrismo-los-problemas.